El oráculo del proceso · para leer despacio · 2 min
Lo que heredé sin que me lo dieran
🌙 escrito bajo la luna que crece
El abuelo Carlos era morocho, callado, y tenía un campo en el que los veranos duraban para siempre. Me regaló un caballo viejo cuando yo tenía seis años. Un zaino de gran porte que ya no galopaba, que medía sus pasos como quien ya sabe que no tiene que demostrar nada.
Yo era la nieta mayor. Por cuatro años, la única. Eso, en una familia como la nuestra, no era un dato menor. Era un rol. Una instrucción implícita que nadie nunca te da pero que el cuerpo aprende antes de que la mente la formule: vos sos la que organiza, la que abre el camino, la que se hace cargo.
Me llevó décadas entender que el caballo viejo también era una instrucción.
No el que corre, sino el que sostiene. El que lleva a otros. El que mide los pasos para llegar, no para brillar. Mi abuelo me lo regaló sin saber que me estaba dando una metáfora de lo que esperaba que yo fuera. O quizás sí lo sabía y tampoco lo nombraba, porque en esa familia las cosas importantes no se nombraban, se heredaban en gestos.
Fui tomando ese rol sin que nadie me lo pidiera explícitamente. Lo fui construyendo a lo largo de años como quien construye una casa que cree que eligió y después descubre que el plano ya estaba dibujado antes de que ella naciera. Apuntalé personas. Fui el sostén en las crisis ajenas. Abrí camino. Desmalecé dudas. Allanaba para que los otros pasaran más cómodos.
Ser la topadora tiene un costo que nadie te anticipa: la topadora no pide ayuda. La topadora no tiene tiempo de detenerse a preguntar si quiere seguir en ese lugar. La topadora avanza.
No estoy diciendo que el rol fue una trampa. Digo que lo elegí muchas menos veces de las que creí haberlo elegido. Que una parte de ese rol me fue dada antes de que yo pudiera opinar. Y que hay una diferencia importante entre hacerse cargo porque sos quien sos y hacerse cargo porque es lo que se espera de la nieta mayor.
El abuelo ya no está. El campo tampoco. El caballo zaino hacía décadas que descansaba.
Pero el rol lo seguí cargando mucho tiempo después de que dejara de ser necesario.
¿Cuántos roles que cargás hoy los elegiste vos, y cuántos te los pusieron cuando eras demasiado chica para preguntarte si los querías?
✦ Autoría
Texto perteneciente a Manifiesto del Oráculo,
proyecto literario de Gabriela Franco.
Todos los derechos reservados.
✦ Seguí leyendo el Oráculo